los perros de

Es muy posible que el revisor de este artículo piense que este es uno más entre los cientos de trabajos enviados cada mes a esta editorial científica. Es posible también que el que lo evalúe piense que mi nombre es insignificante y que, probablemente, con el tiempo, se perderá en la gran marea de artículos que, día a día, construyen este inmoral negocio que llamamos ciencia.

Es por eso que, quizá, debería presentarme primero: soy el futuro premio Nobel de Físicas. Abajo, en el lugar donde debería estar la bibliografía, hay una fórmula matemática que va a cambiar el futuro de la humanidad. Como pienso que a buen entendedor, pocas palabras bastan, he decidido aprovechar este espacio en blanco para denunciar algunas cosas que, perdón por la coloquialidad, me cabrean bastante.

Yo me llamo ALBERT EINSTEIN y tengo 29 años. Sé que voy a ganar el premio Nobel porque un extraterrestre que se dedica a documentar la historia del universo me lo ha dicho. Gracias a él, supe que iba a encontrar la fórmula antes de que, de hecho, se me ocurriera (juro por lo más sagrado que él no me la ha soplado). No me considero una persona excesivamente inteligente, y, tal y como me ha dicho este extraterrestre que se escribiráen mis biografías, aprendí bastante tarde a hablar.

En la universidad, muy pocos profesores conocían mi nombre, y los que lo hicieron trataron de olvidarlo lo antes posible. Ahora, trabajo en una oficina de patentes que me acaba de denegar el ascenso a un puesto de mayor responsabilidad y competencia. El pelota de mi compañero, Leonard,ha sido el que, al final, se ha llevado el gato al agua. Él siempre ha soñado con ser mi jefe,para ello, invierte casi todo su tiempo de vida en pelotear a sus superiores. El muy sumiso, piensa una de mis voces interiores. Pobre criaturita, piensa otra.

Cuando le hablo a mi amigo Habicht de Leonard, siempre me dice (y perdón porque, a continuación, voy a fracturar el registro académico) que hay gente a la que le gusta que su superior le dé por el culo. Y no solo eso(suele continuar hablando con el dedo índice levantado),sino que además le gusta que solo a ellos y a nadie más les den por el culo y suelen cabrearse cuando dejan de ser el centro de atención de su jefes. Uno en la vida puede llegar a convencerse de todo, y no hay amo sin siervo ni siervo sin amo.

Mi amigo Habicht dice también que, para que a uno le den por el culo, siempre hay tiempo, y, en efecto,eso mismo fue lo que pensé yo cuando renuncié a mi nacionalidad para no tener que ir al ejército. Quién ha dicho que yo he venido a este planeta a pegar tiros donde ellos quieran que apunte, le dije indignado al extraterrestre historiador cuando vino a visitarme. La gente que está dispuesta a morir por la patria (¡la patria! Esa nube de gas que los poderosos extienden para adormecer al pueblo) no sabe que vive en un engaño prefabricado, le continúe diciendo bastante indignado al extraterrestre. Era ya de noche y habíamos bebido bastante. Él me había soltado lo de que era un extraterrestre y yo no paraba de sacar mi odio al fascismo: pienso que los seres humanos que te obligan a hacer lo que ellos dicen por el simple hecho de que tienen más dinero y más poder institucional deberían quemarse de las plantas de los pies en adelante durante toda la eternidad en un infierno virtual inventado por nosotros, los amantes de la anarquía.

Fue de camino a casa, compartiendo un pito de marihuana, cuando el extraterrestre me explicó qué es un infierno virtual, me impresionó tanto la explicación que ahora ya no voy a poder evitar hablar de él, aunque la gente de mi tiempo piense que estoy loco (pobrecitos, no saben que vivimos en un universo asíncrono, diría Habitch).
Mis más sentidas disculpas, estimada editorial, si uso este espacio de papel para pedirle a la población mundial que se reprograme a sí misma y borre de su memoria todas las ilusiones prefabricadas no elegidas que les han inculcado desde su nacimiento.

Altos, nobles, supremos deben ser los cometidos del hombre en la tierra, y solo a través de la imaginación podemos llegar a ellos. Prohibido, por tanto, asumir sueños prefabricados, hacerlos nuestros, desearlos, amarlos, porque estos sueños no son nuestros, son metonimias, burdos sustitutos para que nos entretengamos mientras no estamos produciendo lo que ellos dicen que tenemos que producir.

Una vez en mi casa, el extraterrestre me cocinó unos espaguetis a la putanesca. Dijo que era un plato muy recomendable para después de la maría. Mientras comíamos, me decía que, en el futuro, en el planeta tierra, todo el mundo se dedicará a aquello que le gusta, y nadie tendrá miedo a quedarse sin dinero, a vivir en la calle, a ser despreciado por el resto ya que el concepto que actualmente tiene la palabra pobre habrá desaparecido.

Dice también que junto con esta palabra, también desaparecerá el dinero y ya nadie tendrá motivo para obligar a la aldea global a hacer cosas que no desea.

\&543f, que así es como se llama, me ha contado muchas cosas maravillosas del mundo que viene, y he sentido cierta envidia y frustración porque, según él, yo moriré antes de que todos estos acontecimientos sucedan.

Menos mal que voy a ganar el Nobel. Me da un poco de pereza cumplir esta directriz cultural que me obliga a pensar que no puedo vivir sin dinero y que el dinero se consigue trabajando.

Gracias al Nobel,habré logrado salvarme de la esclavitud y entraré por las puertas de ese paraíso que por haber nacido antes de tiempo no podré disfrutar.

Como ya no debo preocuparme por el molesto e improductivo asunto del dinero, me despertaré de forma natural todos los días de mi vida hasta que muera y siempre me dedicaré altruistamente a todos aquellos que quieran comprender los misterios de la vida.

Algunos me criticarán porque dirán que trabajar gratis es malo, pero yo no trabajo gratis, yo hago lo que me gusta y siento una gran felicidad al devolverle a la sociedad libremente el producto de mi trabajo.
Además, me complace mucho la idea de que jamás tendré que someterme a las ambiciones personales de otro ser humano menos noble que yo, pero, sin duda, más poderoso.

Yo sé que, con esta última página, he hecho una de las contribuciones más valiosas a la humanidad hasta la fecha. Os he ayudado más que si hubiera trabajado limpiando casas de ricos diez horas al día hasta los sesenta y siete años. Nadie puede experimentar el placer que yo estoy ahora experimentado: he comprado mi libertad, el capitalismo me había expulsado del paraíso y acabo de volver a él. De ahora en adelante nadie me faltará el respeto y tendré derechos.

Derecho a hacer lo que me apetezca.

Derecho a levantarme a la hora a la que me dé la gana.

Derecho a ser feliz haciendo lo que me gusta.

Por cierto, la fórmula es…

El primer artículo de Einstein, rechazado en septiembre de 1929 por la revista Physics. Recogido por la gran Trebak.

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