CuentosMundoNoAcabe

Tras leer esta historia, cerré perplejo el Diario de mi Cádiz, porque, en los acontecimientos que allí se relataban, yo estuve bastante implicado, y sospechaba dónde se encontraban realmente esos billetes.

Verán, me explicaré, yo no he robado nada, soy rico pero honrado, y también economista, sí, esa profesión que suele predecir un alud cuando la nieve ya nos llega hasta la coronilla mientras afirmamos que ya lo habíamos avisado.

Mi trabajo me costó no aprender nada en la facultad, no crean, aparte de lo que ya sabíamos de antemano, que el dinero sirve para comprar dinero y que ese dinero, si uno sabe en qué momento venderlo, sirve para hacer más dinero. Lo único que aprendí allí es a que, para no equivocarse, lo mejor es anunciar todo el tiempo que viene el alud, y ya todos conocemos el cuento del pastor y el lobo… ¡Quién se iba a imaginar que el alud que se avecinaba acabaría por arrastrarnos a todos!

Perdonen si me voy por los cerros de Úbeda, pero, a mi edad, ya no hay nada que me guste más que una buena charla; especialmente, si se trata de algo tan cercano, porque sepan ustedes que soy muy amigo de la familia, muy, y que quede claro, que esto lo hago por su bien. Por eso, la idea de mi amigo de guardar el dinero en el televisor nunca me dio buena espina.

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