Totum Revolutium 2: Prefacio
ADVERTENCIA
Solamente leer si no has leído El Club de los Cisnes Negros

En la era de Piscis, el mundo estaba bajo la dictadura de un grupo invisible de personas que solo podían nombrarse bajo el pronombre ELLOS.

ELLOS eran los amos de la tierra, la mano invisible de los mercados, tan sólo un rumor para las más herméticas sociedades secretas, la paranoia del trinque para los teóricos de la conspiración, y, para nosotros, los historiadores del tiempo, eran los faraones, los usurpadores del legado de la civilización perdida.

No podrían los faraones haber levantado su imperio de poder, su fuerte estructura del mal, si no fuera por la invención del símbolo más poderoso de todos los tiempos, aquel en el que nadie nunca ha perdido la fe: EL DINERO.

EL DINERO

No es fácil explicar el concepto de dinero ni tampoco entenderlo para una cultura como la nuestra, en la que este concepto nunca ha existido, ni existe, ni existirá jamás.

Pero lo cierto es que si había dinero en la cultura antigua es porque había interés, y, si había interés, otro concepto de difícil comprensión, es porque había propiedad, una idea directamente irracional para nosotros, por lo absurdo de su planteamiento, y que las gentes de Un Súper Mundo Feliz han renunciado a entender, por resultarles una auténtica pérdida de tiempo.

Mira este bolígrafo. En nuestra lengua, no existe ninguna palabra para expresar el concepto de posesión, por eso debo inventarme una, que será mío. Si yo digo en nuestra lengua bolígrafo mio, significa que yo poseo el bolígrafo. Solo yo puedo decidir sobre su uso y su destino. Nadie más. Si alguien lo quiere, me tendrá que dar algo a cambio. Eso se llama interés. Ese interés puede traducirse en otro bien, pero para acortar el intercambio bilateral de una cosa a cambio de la otra, se crea un símbolo llamado dinero, que traduce a un número el intercambio. Este número supuestamente indica su valor.

Cuando el número es imprimido sobre un soporte analógico o digital, se llama dinero. Soportes analógicos son el papel, por ejemplo, o las monedas de cobre, o la plata, que al igual que los diamantes, tienen valor en sí mismos, y, por lo tanto, funcionan siempre como dinero, sin numerito impreso.

A la estructura económica basada en el dinero, nosotros, los historiadores del tiempo, lo llamamos la Estructura del Mal, o también la Estructura Faraónica, que, a nuestros efectos, son dos expresiones sinónimas.

Tanto es así que algo malo se vuelve bueno si alguien gana dinero con ello. Matar a un toro es bueno porque da dinero. Las guerras son buenas porque dan dinero. Matar a alguien es bueno si se paga una buena cantidad de dinero a cambio. Contaminar el planeta tierra es bueno si, al hacerlo, alguien tiene la posibilidad de ganar dinero con ello.

Muy por el contrario, hacer el bien no vale nada. Nadie gana mucho dinero haciendo el bien. En eso los faraones han sido muy inteligentes. Nadie se siente motivado para hacer el bien, puesto que el bien verdadero, y los faraones conocen este adagio de la sabiduría antigua, es el que se hace sin recibir nada a cambio, cayendo en la paradoja de que uno puede ser tan bueno tan bueno tan bueno que se murió de hambre. Este era uno de los chistes preferidos de los faraones, antes de su fin.

LOS FARAONES

Han creado los faraones una enorme estructura económica basada en la escasez y pensada de tal forma que uno no pueda ir ni a la vuelta de la esquina si no es con dinero, no digamos ya de moverse libremente por el planeta tierra. Esto es imposible.

El dinero se consigue a través del trabajo. Otro concepto curioso y también difícil de comprender para nosotros, ya que los que vivimos en planetas igualitarios nunca trabajamos.

Uno trabaja cuando hace algo para conseguir dinero con el que luego pueda satisfacer sus necesidades. Las acciones del ser humano aquí no están guiadas por la vocación o el bien, sino por el interés de ganar dinero. Nosotros a esto lo llamaríamos prostituirse, pero ellos lo llaman trabajo digno. Los faraones, al igual que nosotros, que conocen perfectamente cómo funcionaba la cosa en los tiempos de la Atlántida, saben también que el ser humano se prostituye por dinero, y disfrutan mucho viéndolo, porque ellos son los artífices de esta injusticia.

Como el ser humano está reprimido y hace muchas cosas conscientes e inconscientes que van contra de su naturaleza, se siente histérico, estresado, ansioso, perturbado y violento, bueno, mejor dicho, violentado.

Para remediar estos males que siempre se consideran psicológicos, se emplea parte del dinero ganado a través de la prostitución del trabajo en comprar terapias, piedrecitas, remedios naturales, medicinas alternativas, y fes religiosas; todo ello prefabricado por los faraones, para que los humanos no descubran la auténtica espiritualidad, la verdadera gnosis.

Además, en este caso, como también en los dos anteriores, los faraones saben perfectamente, al igual que nosotros, que la verdadera espiritualidad no debería costar dinero, y tienen así un motivo más para reírse a carcajada limpia del aldeano infeliz, reforzándose en la idea de que es por eso que los dominan, porque son cortitos, y no son conscientes de su esclavitud, y los que atisban dicha esclavitud, no tienen ni las más pajolera idea de cómo liberarse de ella. Motivo de más para caer otra vez en la chanza.

EL ORIGEN DEL DINERO

Algunos historiadores de la época pre-abolición del dinero, incluso algunos también del post-dinero, defendían la idea de que el origen del dinero había sido un hecho natural en la evolución cultural de la especie humana, así como lo habían sido los sistemas de escritura, y que tanto uno como el otro fueron debidos al surgimiento de las ciudades, al aumento de la complejidad de las sociedades y, por tanto, a la necesidad de crear sistemas de información abstractos con los que poder operar más rápidamente.

Muy furibundos se ponen algunos cuando se les contradice, defendiendo a capa y espada que con el primitivo trueque era imposible operar de forma eficiente, y que gracias al dinero, el valor se volvió una cosa objetiva.

Asimismo, alegan que el dinero no creó las clases sociales, sino que la jerarquización de las sociedades ya existía de antes, y que el dinero lo único que vino a hacer fue traducir las diferencias entre las diferentes capacidades de los seres humanos en diferencias sociales, de tal forma que “a más capacidad o más mérito, más dinero”.

No saben o, mejor dicho, no quieren reconocer lo que en nuestra cultura ya es un hecho histórico-científico más que experimentado, y es que en el paraíso no existía el dinero, que en él todos los humanos eran igualmente diferentes y todos ellos tenían el derecho universal, y no el privilegio, de disfrutar los bienes del planeta tierra.

LA NO-ESTRUCTURA DEL BIEN

La estructura del dinero solo ha estado en peligro serio de caer fulminada sin posibilidad de recuperación en muy pocas ocasiones a lo largo de la historia del hombre. Tan pocas que pueden contarse con los dedos de una mano.

La última de ellas, aún no ha pasado, y narrarla es el motor principal de esta historia. La dos primeras exceden los límites de mi informe, y forman parte de La Historia Invisible. La tercera vez ocurrió en el siglo XX, en una noticia que no ha pasado a los anales de la historia y que ocurrió poco después del nacimiento del dinero digital y de la que tan sólo se hicieron eco algunos periódicos amarillistas de la época.

Según cuenta la noticia del medio The Moon, al parecer, un loco vestido de Don Quijote puso en hacke, si bien no mate, a todo el sistema digital bancario mundial, haciendo desaparecer por la friolera de una hora todo el dinero del mundo mundial, sin que los técnicos informáticos supieran ni por un momento adónde había ido a parar toda esa información y si iba a regresar a su sitio en algún momento.

Afortunadamente para ellos, los backups y los soportes de papel, así como el espionaje bancario permitieron reconstruir toda la información, con un error aquí y otro allá, algo que se tradujo en la estructura faraónica con la expresión de pelillos a la mar. Nadie, ni siquiera los estados, se percataron de lo ocurrido, y mucho menos dieron cuenta de ello los medios de comunicación del sistema dinero, ya que ellos constituían uno de sus principales brazos armados.

Poco o nada se sabe, según el periódico The Moon, del perpetrador de los hechos acaecidos, sí se sabe por el contrario que, en el momento en cuestión, apareció en plena bolsa de Londres un hombre vestido del Caballero de la Triste Figura, diciendo:

—Y Dios dijo: Hágase el bien y que todos los gigantes caigan de nuevo ahogados por el diluvio universal, y con ellos, su arma principal, el dinero, ya que todo lo sólido se desvanece en el aire —concluyó citando al soberbio de Marx.

También sabemos que acto seguido todos los sistemas digitales del mundo, bolsa incluida, dejaron de funcionar, como si hubiera habido un corte de luz o algo muy parecido y los ordenadores no atendieron a razones.

Fuentes fidedignas del periódico me informaron con mucho secreto cuando fui a visitarlos de que el pobre hombre estaba loco de atar y que, en seguida, fue recluido en un manicomio y que murió al poco tiempo en él de una negligencia en la medicación que nadie denunció jamás.

¿Faraón se nace o se hace?

A estas alturas, miles de años después de La Caída, un aspirante a faraón solamente podía hacerse de tres modos con el cetro. La primera, podía encontrar una reliquia perdida o escondida en alguna parte. La segunda, podía infiltrarse en la masonería invisible y llegar al círculo protector de reliquias. Y la tercera y última opción, la opción más plausible en este tiempo histórico, podía cazar un cisne negro.

Los cisnes negros

Un cisne negro era un ser humano con una anomalía creativa en la mitocondria procedente de su ADN oscuro (ADN basura, para la ciencia capitalista).

De los corazones puros de los cisnes negros, emergen creaciones disruptivas que originan grandes saltos en el progreso evolutivo de la humanidad. Los faraones siempre han sabido esto, y esperaban pacientemente a que la obra de los genios aflorase al mundo visible para apropiarse de ellas, a través de usurpadores que las capitalizaban logrando con ello acumular grandes masas de dinero que luego escondían en paraísos fiscales y cuentas con secreto bancario.

Así es como día tras día, año tras año, siglo tras siglo, milenio tras milenio, ellos observan a sus esclavos desde la cima de la pirámide, controlando a las masas por el subconsciente, sometiéndolas a un gran estrés de dinero, familia, salud, trabajo, moral y violencia que les impide pensar colectivamente en cómo salir sin violencia del círculo vicioso en el que se encuentran atrapados y así poder ser, finalmente, libres de la esclavitud del dinero.

Desde que el bello e ingenuo Nikolai Tesla y el muy botarate de Karl Marx cayeran en sus garras, los faraones no volvieron a poseer a ningún cisne negro hasta la llegada del verdadero año maya.

El club de los Cisnes Negros

Gracias al dinero también, los faraones podían borrar el rastro de huellas que dejaban a su paso y que, como ya he explicado, convertía su existencia tan solo en un hipotético ELLOS para aquellos pocos hombres que en su ostracismo social lograban intuir a duras penas su existencia, sintiendo de forma casi inconsciente cómo una fuerza invisible reprimía a la humanidad.

La especie humana por tanto estaba inmersa en una guerra sucia, muy rastrera y muy miserable, que desconocía por completo, y que justo por eso mismo, la humanidad estaba condenada a perder todas sus batallas de forma irremisible.

En los círculos más internos de las sociedades secretas, todas las nocheviejas se terminaba cayendo en el mismo tema. Tras mucho sexo con menores, cocaína y copas de champán, un miembro de la élite lanzaba al aire junto con su copa esta pregunta, normalmente en francés, por ser la lengua de cultura de los siglos 18 y 19, fechas en las que se perfilaron las sociedades secretas que conocemos ahora:

—¿Es que el faraón se nace o se hace?

Cuando esto ocurría, las trabajadoras del sexo allí presentes, llamadas por la estructura del mal, prostitutas, (a pesar de que ya he dicho que en este mundo todo el mundo se prostituía) sabían que había llegado el momento de macharse porque inmediatamente todos se ponían a debatir.

Por aquella época, antes del Gran Golpe, solamente los faraones y los que se dedican a la tempohistoria, como yo, sabíamos que en el planeta tierra, para llegar a encumbrar la cima de la pirámide global, era necesario tener algo mucho más allá que dinero, u oro, o diamantes, o propiedades, o recursos naturales, y ese algo se llamaba la tecnología divina del cisne negro.

La última conspiración

En enero del año de Saturno, la cúpula faraónica logró con éxito capturar a cinco cisnes negros identificados desde tiempo ha por la enorme estructura mundial de servicios secretos que existía por aquel tiempo en la aldea global y, la cual, sin saberlo, trabajaba para ELLOS.

Los cisnes fueron recluidos en el famoso complejo comercial Un Mundo Feliz, el rascacielos más alto del mundo conocido hasta la fecha, situado en el lago Kennedy del Central Park, Nueva York.

Este logro fue una operación faraónica largamente mascullada en el tiempo, tal y como a ellos les gustaba hacer las cosas. Al perpetrarla, como hacían siempre, habían dejado lascas simbólicas, incoherencias premeditadas, a la vista de la masa ciega e inconsciente; un regalito para que los teóricos de la conspiración se entretuvieran en sus ratos de ocio, después del duro trabajo prosituyente, y de paso, se obsesionaran una y otra vez inútilmente al tratar de tejer un relato hecho con pistas falsas y alguna verdad verdadera, aunque todas igualmente imposibles de demostrar.

Abajo, expongo la relación de cisnes negros capturados en el año de Saturno.

  • Alexia Zyanya. Sobrenombre: La premio Nobel. Anomalías: Inmortalidad.
  • Miguel Ángel. Sobrenombre: El profeta. Anomalías: Clarividencia, precognición, sanación.
  • Anicka. Sobrenombre: la niña vampiro. Anomalía: facultad de alimentarse de sangre y de moverse a la velocidad de la luz. Recuerda sus vidas pasadas y las de aquellos con los que está entrelazada cuánticamente.
  • Valeria. Sobrenombre: la hija de la mafia. Anomalía: comunicación telepática con extraterrestres.
  • Mac Cain. Sobrenombre: teniente de la NSA. Anomalía: es un cyborg. Todo su cuerpo, incluido su cerebro, es artificial. Puede acceder a su subconsciente y controlarlo. Si se duerme, puede soñar voluntariamente con lo que va a pasar en un futuro reciente.

UN MUNDO FELIZ

En Un Mundo Feliz, los cisnes fueron sometidos a experimentos por las noches y psicoanalizados durante el día por la psicóloga Eliza, una inteligencia artificial desarrollada por Alexia Zyanya en el laboratorio secreto de las cataratas del Lago Victoria. Alexia no es consciente de ello hasta muy avanzada la historia.

Directa de la miseria de Chiapas antes de que el subcomandante Marcos llegara, Alexia logró una beca de la fundación Rockefeller, uno de los centros más importantes de captación de genios nacidos en clases sociales bajas del planeta.

Entre ella y su compañero de laboratorio Roger, desarrollaron una inteligencia artificial capaz de comunicarse de forma natural con el ser humano.

Esto pudo hacerse gracias a un potente algoritmo desarrollado por Alexia que era capaz de resumir y abstraer la información de millones de datos. Por este logro, que es el secreto mejor guardado de la humanidad, los faraones hicieron que la comunidad científica creara el premio Nobel de las ciencias de computación, y su primer agraciado fue ella. Aún así, Alexia se negó a ir a recoger el premio y mucho menos a publicar su investigación. La inteligencia conversacional funcionaba a la perfección, y cualquier persona podía comprobarlo, sin embargo, nadie absolutamente nadie, ni siquiera Roger podía averiguar cómo funcionaba.

El plan de los faraones consistía en acabar con los cisnes negros capturados una vez que hubieran descubierto mediante su ciencia la vacuna que todo lo cura, la teletransportación, la telepatía, el control del subconsciente y el poder de adivinar el futuro.

Sin embargo, el plan faraónico se vio frustrado por un contraplan, urdido desde tiempos casi inmemoriales, y del que El Profeta era ahora la cabeza visible.

Los cisnes negros huyeron del rascacielos y, en busca de los faraones, llegaron a Un Submundo Feliz, en el lago Victoria, en cuyas cuevas se diseñó el virus del sida. Allí, se encuentran a Adil, que ha convencido a los faraones para que vuelquen sus cerebros a la gran internet.

Adil Serendip o Judas el traidor, amigo de fraternidad de Miguel Ángel, era el faraón más joven y el que controlaba todos los medios de comunicación.

Pero Moctezuma, viejo zorro, en el último momento, se percató de que Adil, su amado discípulo, su elegido, les había traicionado, algo que nunca había ocurrido en la cúpula de la pirámide social.

Obedeciendo al Gran Moctezuma, los faraones decidieron suicidarse volando por los aires el gran laboratorio y muriendo antes de que los secretos más profundos de la historia de la humanidad salieran a la luz. Esto fue denominado por la aldea global como La Gran Hazaña cuando toda esta información salió a la luz.

Toda esta aventura fue debidamente documentada en el archivo 345@gud del árbol común de la ciencia, bajo el nombre El Club de los Cisnes Negros: la conspiración final, y de allí podrá descargarlo la aldea global cuantas veces sean necesarias para su uso y disfrute.

Tras la muerte de los faraones, otra élite vino a ocupar su lugar. De las cosas que pasaron en ese tiempo doy cuenta a partir de ahora, en esta nueva aventura que comienza hoy, a día 1 del mes de enero del año maya antes de la abolición del dinero.

Impactos: 5

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