El año en que Jesucristo voló

Pues sí, que lo que mal empieza, mal acaba. Y tú porque eres nueva pero en esta casa han pasado muchas, pero que muchas cosas. Que me parta un rayo si miento. Yo meterme no me meto, por eso te digo, hija, que no merece la pena llamar a la ambulancia en esas circunstancias, que yo soy muy buena y muy generosa, pero cuando tengo que serlo; y ya te digo, chica, que no sirve de nada llamar. Eso cada dos por tres, y lo de que no te haya abierto la puerta, que tampoco te duela, esa mujer después de lo de lo del pobre Jorgito, nunca se terminó de recuperar. El hijo, el otro que le queda, es epiléptico. Sí, sí, sí. Se caería en la bañera y de ahí los gritos. Pero lo del pequeño fue peor. Ese se casó y se divorció a los dos días como quien dice. Bueno, se divorció, la mujer, lo de siempre, que le dejó por otro. Y él, mientras, en una depresión y luego en esto de la secta. Un rollo, chica, un rollo. Imagínate. Estábamos todos los vecinos hasta la coronilla. Mira, esto de que entro en el portal y me lo encuentro con los brazos en cruz, con todas sus partes afuera, colgao como un cristo crucificao de los buzones. Y yo, con el miedo metido en el cuerpo, toda la noche. Temiendo que se metiera en mi casa el niño grande que siempre fue. Cuando tenía doce años se venía al cuarto de los cubos a tocarse. Que el portero siempre me lo tuvo dicho. Cuidao con la niña Dolores que el niño de la señora Eulalia se la pervierte. Este niño, el de la Eulalia, no está bien. A mí, ni me va ni me viente, pero yo lo tengo claro, cada uno en su casa y dios en la de todos. Y punto y se acabó. Porque yo la primera vez, también como tú hiciste, llamé a la ambulancia, pero a la décima ya todos lo damos por natural y nos hacemos los longuis para no avergonzar. Que a todo uno se acostumbra y que ya son muchos pero que muchos años con lo mismo. Y después de lo que pasó aquella vez no estoy dispuesta a seguir aguantando más. Que quería volar, esto es lo que dijo, que quería volar. Como Jesucristo. Que, por cierto, no sé de dónde se lo ha sacao, porque Jesucristo caminó por las aguas, aguantó las tentaciones del demonio, convirtió el agua en vino, y hasta resucitó, pero lo que se dice volar, no voló, que yo sepa, pero es que en las sectas esas a saber lo que le meten a uno en la cabeza y así que quiso volar y se tiró de la ventana del patio pa’ bajo, muy desagradable. A mí me tuvieron que cambiar todas las cuerdas del patio, porque me arrancó de cuajo los raíles.

O sea que lo que te digo que ni siquiera fue una muerte digna, que es lo último que el ser humano podría pedir. Sino que el muy desgraciado se fue enrollando como en una tela de araña entre las cuerdas de la ropa y ni la ilusión de volar se pudo hacer. El pobrecito. En fin. Que me voy volando. Que se me quema la comida y viene mi marido y pa’ qué queremos más.

 

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