En el avión

El avión siempre ofrece un escenario mental adecuado para pensar todo tipo de perversiones. El avión es también uno de los escenarios más notorios para ilustrar la violencia, dominación, el sometimiento sobre la masa, la violación de su consciencia, qué dirían nuestros tres queridos maestros de la sospecha, aquellos que hablaban de que la consciencia del ser humano estaba secuestrada.

Si Freud, Marx y Nietzsche hubieran visto cómo tratan al ser humano en estos transportes y cómo los seres humanos lo aceptan como si fuera algo, sin duda, muy natural. Creo que es por este sadismo que se está ejerciendo contra mi persona que, en los aviones, siempre hago mi ritual de guarrerías de siempre, sin cortarme un pelo. De hecho, ya en la sala de embarque he sentido cierto arruchón en mis partes bajas que me ha hecho añorar el momento en el que me encuentro precisamente ahora, en el que mi cuerpo está tapado concienzudamente con una manta, estoy a la vista de todos, pero nadie me ve. Mirando aún así de reojillo hacia mis colegas de derecha e izquierda, en este caso, pasillo mediante, me voy introduciendo poco a poco una de las manos dentro de los pantalones y me refriego bien mis dedos por mis partes bajas para que se impregnen de ese olor que me atonta tanto como a los niños de Brasil el pegamento, y muy despacito también voy deslizándola hacia arriba hasta sacarla por fin de la manta y llevármela a la nariz y pegarme el primer chute mientras hago un autodefinido con Satie de fondo, snuuuuuuuf, gloria bendita. Como últimamente estoy muy espiritual, le doy gracias a Dios por todos los placeres que ha puesto sobre la tierra y por darnos sentidos para que podamos experimentarlos todos, y, fundamentalmente, aquellos que vienen de nuestro propio cuerpo, que para eso lo tenemos y Dios nos lo ha dado, de lo contrario, seríamos solamente un ser cuántico, una representación etérea, que no podría meterse un dedo en el agujero del culo y deleitarse en secreto, cuando nadie lo ve, oliéndolo. ¿Para qué nos ha hecho dios, como digo, si no es para experimentar estas cosas? Como me duelen las piernas, ya llevo muchas horas aquí, me levanto a dar una vueltecita con la excusa de que me dirijo al baño. A mi lado, hay un joven de la academia militar ora durmiendo ora viendo documentales de risa ora viendo fotos de Pinochet y de la segunda guerra mundial; en este último reportaje, me he podido fijar, porque todo lo cotilleo desde mis enormes gafas de culo de botella, que al encontrarse con las primeras imágenes de los judíos en los ghetos tirados por la calle muertos de hambre, el recién salido de la academia militar chilena ha dado al rewind y otra vez estábamos viéndole el gepeto al señor hitler, seguido de un gran séquito que aparenta escuchar interesadamente lo que está diciendo. Como iba diciendo, me he levantado a dar un paseíto y todo el mundo estaba durmiendo. No he podido evitar imaginar, ya sabéis que los aviones tienen estas cosas, que en realidad todos estábamos muertos. Y entonces me da por pensar en las narrativas. Y comienzo a montarme la peli de imagínate si después hubieran hecho la película y hubiera estado yo allí para explicarle al guionista lo que pasó realmente y a quién conocía y en quién me fijé en las horas pre y con quién hablé y con quién, en fin, corramos un tupido velo con un estúpido etc. Ahora he pasado a la etapa mocos. Tengo un orificio nasal un poco anómalo. A la altura de la punta de la nariz se abre allí una cavidad particular, en donde a veces se acumula la mucosidad en forma líquida y tengo que ensayar un movimiento rápido y ganchudo con el dedo índice para recogerla en la yema y con también otro movimiento igual de rápido dispersar y distribuir el aguilla por el resto de la mano como si no hubiera pasado nada. Nunca me he observado desde fuera, ante el espejo, quiero decir (todavía no he tenido ninguna experiencia astral, desafortunadamente), por tanto, no sé cuánto tardo exactamente en hacer este movimiento que me gusta practicar sobre todo en situaciones formales, como por ejemplo, las lecturas de tesis, que son mis preferidas. Podría decir que me gustaría hacerlo tan rápido que el ojo humano del otro no lo captara, y pensara sinceramente que lo que ha visto en realidad ha sido cómo la persona de enfrente se rascaba levemente la nariz pero mucho me temo que no es así y que me sobro mazo con estas cosas. Qué sucio eres para el cuerpo, me dijo una vez un familiar cercano, con el que comparto estrechos lazos de sangre, y todavía no sé exactamente a qué se refiere, puesto que es propio de nuestra condición, enrebuscarnos, hurgarnos, olernos y toda clase de acciones que puedan ser autocumplidas. Animales nacemos, animales nos desarrollamos y animales morimos.

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