Nikola Tesla, el gran funeral

A la gente como yo, en un momento u otro de nuestra provechosa vida, se nos comunica, en lenguaje de los pájaros, la fecha exacta de nuestra muerte. Y es por eso que tenemos mucho tiempo para preparar el día de nuestro cumpleaños, que es como entre nosotros lo llamamos, nuestra muerte y posterior resurrección, puesto que a la gente como yo, que hemos hecho sin ánimo de hacerlo, méritos sobrados por el bien y progreso de toda la humanidad, a la gente como yo, que piensa en grande y que da lo mejor de sí mismo para llegar lo antes posible a Un Súper Mundo Feliz, todo se nos da, todo se nos devuelve, todo se nos dice y todo se nos permite, porque la gente como yo, los puros de corazón, los que no se corrompen, los que no conocen la maldad, los que estamos programados para hacer el bien, todo se nos da, nada se nos quita, la gramática del universo, Dios y Noé, nos ama, y, como digo, es por eso que llegado el momento, tenemos muerte dulce, muerte pacífica, muerte bella, muerte pluma, muerte expansiva, y si tranquila es la muerte, más relajada aún es la transición y salida del cuerpo, y libre es nuestra alma, a la que se le permite un tiempo aún el reino de este mundo, antes de viajar a Shambala y de ahí al otro lado, a la cuarta dimensión, a la que solamente se va recorriendo el cuarto camino.

 

Kapitalismo Sauvage, Anaïs Abbot

 

 

 

Asunta Yong Fang: La muerte mía

 

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