Melania Trump, la bestia parda del comunismo

Chuparle la polla a Donald Trump es lo que yo llamo gajes del oficio. Soy una comunista de corazón y, como tal, me entrego por completo a la humanidad del futuro, al paraíso soñado, por el que yo entraré por la puerta grande, y donde me recibirán con un arco de orquídeas blancas, porque yo, Melania Trump, hice algo que ninguna mujer de mi tiempo fue capaz de hacer, ser la primera presidenta comunista de los Estados Unidos de América.

Infiltrarse en la cima política de La Estructura del Mal es algo que sólo un ser femenino podría llegar a hacer. Muchas mujeres y muchos hombres pensaron que cultivando su masculinidad lo lograrían, pero lo cierto es que fracasaron estrepitosamente.

Ahora, que mi misión ha finalizado, y que viajo en tiempo rumbo al siglo XXII, ahora, que he conseguido salvarme de este mundo inmundo y nauseabundo, es tiempo de que vosotros, hombres y mujeres de vidas pequeñas y sin sueños, sepáis quién se escondía bajo la inculta y frívola de Melania Trump.

Crecí en un pequeño pueblo de la Europa del Este, sometido bajo el fascismo de la Unión Soviética. Ya desde mi tierna infancia se me despertaron facultades extraordinarias, y mi familia pasó mucho tratando de ocultárselas a los esbirros del régimen, que buscaban por todo la república del imperio cisnes negros para llevarlos contra su voluntad al proyecto Nuevo Hombre, que comenzó allá por los inicios de la nueva Rusia con los experimentos de Pávlov sobre la sangre.

Mi madre y mi padre me contaron a una temprana edad que el día de mi nacimiento tres magas se presentaron ante mí, guiadas por el estado de las constelaciones planetarias, y que tras presenciar mi alumbramiento, y apenas estando yo recién llorada, me tocaron el tercer ojo y yo entré en un trance muy extraño, un momento de consciencia plena, del que sólo con hipnosis ya en mi edad adulta pude recordar.

Estando yo, como digo, en un estado de iluminación plena, me dieron a elegir entre tres sustancias alquímicas, y que mis padres, desde su ignorancia, llamaron oro, incienso y mirra, y yo elegí una de ellas, que ni mis padres ni yo hemos conseguido aún recordar, y que tras esto, uno de las tres magas de Oriente dijo:

Noé, es una reina.

Y mis padres, sin saber muy bien por qué, se pusieron a aplaudir y, tras esto, organizaron una fiesta en la que Las Magas de Oriente hicieron las delicias del público, con trucos increíbles, como el de convertir el agua en vino o el de hacer aparecer, de la nada, brownies de marihuana, que llevaron a los presentes a conocer su corazón y su propio destino.

Continuar leyendo en Melania Trump, La Bestia Parda del Comunismo Segunda Parte.

KAPITALISMO SAUVAGE

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